Extracto del Texto:

VISITACIÓN DE LA VILLA DE ALCÁNTARA

Por Frey Nicolás de Ovando y
Frey García Alvarez de Toledo en el año 1499

Por D. JOSÉ MARÍA LÓPEZ DE ZUAZO Y ALGAR

Revista de estudios extremeños Año 2007 Tomo LXIII. Número II Mayo-Agosto

LA VILLA DE ALCÁNTARA A FINALES DEL SIGLO XV

       Cuando los Visitadores Generales de la orden visitan en los primeros meses del año 1499 Alcántara se encuentran que la villa ha dejado atrás sus años de máximo desarrollo y se encamina lentamente a su despoblamiento, que algunos autores dicen se inició en el año 1493. Aunque no son muchas las noticias que tenemos de estos últimos años del siglo XV, tal parece que después de la estancia en la villa de la reina Isabel desde el 5 de marzo hasta el 21 de mayo del año 1479, donde mantuvo conversaciones con su tía Beatriz, duquesa de Braganza, sobre negocios que afectaban a ambos reinos de España y Portugal, los cronistas no encuentran otros hechos dignos de mención.

       Bien es verdad que los Reyes Católicos estuvieron en septiembre de 1497 en la villa y en Valencia de Alcántara, con ocasión de la entrega y boda de su hija la Infanta Isabel con don Manuel, rey de Portugal, pero su presencia en Alcántara debió ser exclusivamente de paso hacia la segunda villa mencionada, donde tuvieron efectivamente lugar los fastos de la boda real.

       Bien podía tener en el año 1497 la villa de Alcántara con sus arrabales unos 748 vecinos, como dicen las noticias de Pedro Barrantes Maldonado ya que en el censo del año 1541, elaborado con averiguaciones del año 1532 que es el más detallado y antiguo que conocemos, figura Alcántara con 800 vecinos. Y aclara P. Barrantes que la cifra dada de 748 vecinos era "entre hidalgos y escuderos, labradores, viudas, freyles, clérigos y moros porque ya los judíos los havian hecho tornar christianos..." contabilizándose entre ellos "sesenta y quatro de cavalho", es decir, caballeros hijosdalgo. Y relaciona los nombres de casi ciento ochenta vecinos lo que nos permite confirmar la existencia de algunos apellidos tradicionales de la villa de Alcántara y sus relaciones familiares: Barrantes, del Barco, Maldonado, Copete, Sanabria, Botello, Oviedo, Remellado, León, Godoy, Grados y tantos otros más "gente principal y belicosa, que por la fertilidad del suelo y buen clima del cielo avia hecho en ella su habitación y asiento", según Francisco Barrantes Maldonado.

       Los 748 vecinos mencionados supondrían aproximadamente unas 3.366 almas, tomando por módulo, generalmente aceptado, de 4,5 habitantes por vecino. Tal parece que la aljama mora en Alcántara en esos años tenía 84 vecinos pecheros.

       El núcleo urbano de la villa presentaba dos partes claramente diferenciadas: la fortaleza o "villa vieja" como se denomina en las cartas del Maestre don Juan de Zúñiga de los años 1488 y 1493 y los "arrabales de la villa" a donde iban poco a poco trasladándose los moradores del interior debido a las incomodidades que conllevaba vivir dentro de un recinto fortificado con sus puertas cerradas por la noche que impedía cualquier movimiento fuera de las horas de apertura de las mismas.

       La fortaleza conservaba sus siete torres: del Espolón, de la Harina, Matacabras, Blanca, de las Armas y del Horno y naturalmente la más fuerte de todas ellas la del Homenaje. Tres torres habían sido levantadas o reparadas a lo largo del siglo XV por los últimos Maestres de la orden de Alcántara: la Blanca por frey Gutierre de Sotomayor, donde puso su escudo de armas; la del Homenaje por frey Gómez de Cáceres y Solis y la del Horno que hizo construir frey Juan de Zúñiga.

       Dentro de la fortaleza se había edificado el primitivo convento de la orden que en estos años de finales del siglo XV estaba ya totalmente en ruinas y tanto el Prior como los freyles no vivían en él, rezando sus horas y celebrando sus misas en la iglesia de Santa María de Almocóvar.

       Estuvo el convento viejo dentro de la fortaleza casi doscientos ochenta años "por tiempo de 250 años, poco más o menos" dice el cronista Rades, al que sustituyó el convento nuevo cuya primera piedra se puso el 11 de marzo de 1499 en las afueras de la villa, cerca de la ermita de Santa María de los Hitos.

       Para la defensa tanto de la fortaleza y su convento como del puente romano se habían creado dos tenencias, dotadas con 100.000 marevíes al año la tenencia de la Fortaleza y Convento de Alcántara y con 50.000 al año la tenencia del Puente de Alcántara, ambos cargos ocupados desde su nombramiento el 19 de enero de 1495 por Hernán Duque de Estrada, que fue también caballero gentilhombre de la cámara del Príncipe don Juan, hijo de los Reyes Católicos,  y que ocupó ambas tenencias hasta su fallecimiento en el año 1521.

       Contaba la villa con dos parroquias: la iglesia de Santa María de Almocovar, lugar de enterramiento de los Maestres de la orden, que tenía dos feligresías y nombraba electores para oficios del Concejo por dos años, y la iglesia parroquial de Santa María "de dentro de la villa", que tenía una feligresía y nombraba electores por un año. Esta diferencia de feligresías nos puede indicar cómo se repartían los vecinos dentro de la villa. La segunda iglesia parroquial mencionada es la que se conoce hoy en día como de la Encarnación antigua, a la cual se adosó el convento de monjas comendadoras de Sancti Spiritus.

       Y este caserío antiguo o "villa vieja" es el que los Visitadores Generales de la orden frey Nicolás de Ovando y frey Juan Méndez en la visita que hicieron a la villa en el año 1496 ya pusieron de manifiesto a los reyes que estaba muy despoblado y caídas la mayor parte de las casas, viviendo en él solamente la tercera parte de los vecinos. Ya el Maestre don Juan de Zúñiga obligó a vivir dentro de la villa a los alcaldes ordinarios y alguaciles de ella, pero después de su renuncia al Maestrazgo, se salieron a vivir a los arrabales. La villa estaba por lo tanto desguarnecida: "antiguamente dentro de la villa solían vivir muchos escuderos o gente de guerra, en que había cinquenta de a caballo...", tema este de la seguridad que preocupaba especialmente a los Visitadores y desde luego al Gobernador de Alcántara y al alcaide de la fortaleza, naturalmente.

       Según el manuscrito de Pedro Barrantes, existían así mismo en la villa cuatro hospitales: del Corpus Christi, edificado cerca del corral de las vacas, detrás de la Corrediza; de la Trinidad, uno de los primeros o el primero ubicado dentro de la villa vieja; de Santa María, muy antiguo también y del Sancti Spiritus, en la calle de la cañada, y multitud de ermitas tanto dentro del recinto amurallado como en las afueras. La visitación de 1499 que nos ocupa incluyó únicamente la visita a la iglesia y hospital de Sancti Spiritus y a la ermita de Santa María de los Hitos. Mencionar siquiera la iglesia de la Encarnación, que había sido sinagoga de los judíos hasta 1493 y el monasterio de San Francisco que se había empezado a edificar en 1481, ambos existentes todavía en la actualidad. Con posterioridad, Francisco de Botello fundaba en su testamento de 1487 un nuevo hospital, el de la Piedad, y en 1558 se unían e incorporaban en uno sólo los tres hospitales de Corpus Christi, Santa María y Sancti Spiritus.

       Celebraba la villa todos los lunes de la semana mercado no franco en las proximidades del cementerio de la iglesia de Santa María de Almocóvar, lugar que a los Visitadores no les pareció apropiado por el trasiego de animales, mercadurías y personas, por lo que habían ordenado al Concejo de la villa su traslado a otra zona más conveniente, así como el desplazamiento de las casas del ayuntamiento, audiencia y cárcel a la calle de la Corredera para que se pagasen allí las tasas de paso de ganado y compraventa de mercadurías. En la visita de 1499 hallaron los Visitadores que el mercado de los lunes en efecto se había trasladado a la Corredera, no así las casas del consistorio, audiencia y cárcel, por carecer de fondos propios el Concejo para efectuarlo,
excusa y disculpa que los Visitadores consideraron ser cierta después de ver los libros de cuentas del Concejo de años anteriores. La actual Plaza de la Corredera, donde con posterioridad se asentaron las casas palacios de las familias más representativas de la villa, tiene como vemos su origen en estos mandamientos de los Visitadores Generales de la orden de finales del siglo XV.

       Los vecinos y moradores de la villa tenían por servidumbre desde tiempo inmemorial atender a la reparación de los adarves del recinto fortificado y del paso del puente sobre el río Tajo, proporcionando los peones necesarios para ello.

       La villa de Alcántara, cabeza de la orden del mismo nombre, no atravesaba en 1499 por su mejor momento, precisamente. La renuncia al Maestrazgo de su último Maestre don Juan de Zúñiga hacía cinco años y su retiro a Zalamea donde disfrutaba de las rentas de todo el Partido de la Serena y los principios inciertos del Consejo de las Ordenes parece que habían sumido a la villa en una situación de aparente olvido por parte de los monarcas, nuevos administradores de la orden, que con extraordinaria prudencia habían dejado prácticamente las cosas como estaban sin haber iniciado todavía las reformas y cambios que ya se intuía necesario acometer.

       La "villa vieja" conservaba su recinto fortificado de la fortaleza, con su puerta principal de acceso a la villa, donde además de las ruinas del convento viejo, se ubicaba una de las parroquias, la iglesia de Santa María de dentro de la villa; unos aposentos para el Maestre de la orden mandados edificar sesenta años atrás por el Maestre Gutierre de Sotomayor y sin utilizar desde hacía muchos años; la vivienda y cuartos del alcaide de la fortaleza nombrado por Hernán Duque de Estrada, que vivía en la Corte; la casa de audiencia en la ampliación que mandó hacer el citado Maestre y poco más ya que la guarnición militar que defendía la plaza había sido retirada hace años. Las casas de los vecinos se caían y sus calles estaban mal reparadas, por lo que sus moradores se iban a vivir a los arrabales de la villa. Los alcaldes y el alguacil tenían que vivir por obligación dentro de los muros de esta villa vieja. En la visita que en 1544 realizó a las fortalezas de la orden Frey Diego López de Toledo, Gobernador del Partido de Alcántara y comendador de Herrera, escribió sobre esta fortaleza de Alcántara: "está toda caída y muy mal reparada".

       La mayor parte de los vecinos residían en los "arrabales" o recinto exterior a la fortaleza pero también amurallado, donde se ubicaba la otra parroquia, la iglesia de Santa María de Almocóvar con su cementerio, la antigua sinagoga de los judíos y demás hospitales y ermitas. Podía tener entonces la villa cerca de 750 vecinos pecheros, lo que supondría algo menos de 3.400 almas, que llegarían a unos 2.747 vecinos en el año 1532 en todo el territorio que se conocía por "comunidad de villa y tierra de Alcántara" y a 6.079 vecinos en todo el Partido de Alcántara en dicho año.

       En una casita próxima a la iglesia de Santa María de Almocóvar vivía el matrimonio formado por Alonso Garavito y María Villela de Sanabria, quienes precisamente en el año 1499 tuvieron por hijo a Juan de Garabito y Villela, o Juan de Sanabria, que con el paso de los años sería el gran santo extremeño San Pedro de Alcántara.