El puente de alcantara


Estas medidas son las que se encuentran en la Crónica de la Orden de Alcántara, su autor D Alonso Torres y Tapia, que la escribió en el reinado de Felipe IV y no fue impresa hasta el año de 1763.

Toda la cantería de la obra es de la que vulgarmente llamamos piedra berroqueña, almohadillada con sillares iguales de dos pies de ancho y cuatro de largo. La cantera de donde se da por supuesto que las trajeron, dista como una legua de la villa.

Con razón, extraña el citado autor de la Crónica de Alcántara, que no teniendo comparación con la fábrica de este puente ninguna otra de las de su línea, pues aunque el puente del Danubio, mandado edificar por el mismo Trajano, solo excedía á este en lo largo, y le era inferior en lo demás: ni Dion Casio, ni Lipsio, hagan mención de este: y mucho mas lo extraña de Casaneo, que de propósito trató de la gran utilidad que logran las Repúblicas con los puentes; y refiriendo con otros muchos el citado del Danubio, no hace ninguna mención del de Alcántara; y así lo atribuye, ó á que los citados autores no vinieron á España, ó á que no tuvieron ninguna noticia de él.

Extracto de "Diccionario Histórico - Geográfico de Extremadura". D. Pascual Madoz. 1846

Se halla edificado sobre el Tajo, a 500 pasos al oeste de Alcántara; consta de 6 arcos, los del medio iguales entre sí y mayores que los otros; siempre pasa agua por ellos, siendo, en este sitio muy grande su caudal; los otros 4 van en progresión descendente, principiando de dentro a afuera; el suelo del puente tiene de longitud 67 pies castellanos y 24 de latitud con inclusión de los pretiles; su altura, medida desde el suelo del río, se distribuye del modo siguiente: 37 pies están de ordinario cubiertos de agua, 170 aparecen en seco hasta el. piso, y 6 más que tiene el pretil, que todos componen 213 pies de elevación; los pies derecho hasta el arranque del arco tienen 87 pies y la cavidad de los arcos mayoreses de 110.

La construcción, igual en todas sus partes, no tiene argamasa alguna; las piedras, que son de granito, se sostienen por su enlace, y todas tienen una misma medida de 4 pies de altura y 2 de longitud.


Extracto de "Estremadura". D. Jose de Viu. 1852

El gran puente, construido por Lacer, arquitecto del mismo país, se compone de seis arcos, los dos del medio casi iguales, pues uno tiene cinco pies de hueco, y el otro ciento diez, los dos colaterales son de ochenta y ocho pies cada uno, y los dos de ambos extremos de sesenta y seis, en todos ellos quinientos veinte y tres pies hueco. El pavimento es excelente, plano y horizontal como el piso. La longitud del edificio es de seiscientos ochenta pies de Burgos, y su anchura veinte y cuatro, sin los cinco que se embeben en los antepechos. Desde el suelo hasta el del río hay doscientos y un pies distribuidos así: cuarenta y siete dentro del agua en la corriente baja más común, ochenta y siete desde la superficie de la misma hasta el punto en que arrancan los arcos; sesenta y siete desde el principio de las dovelas hasta el piso; y seis que tienen además los pretiles.

Todo el puente es de granito, traído de más de media legua, y de piedras, por lo común, de tres pies de alto, dos de ancho, y su correspondiente largo siendo notable que no se vean señales algunas de cal, argamasa, ni otra mezcla alguna; únicamente en ciertas piedras de los antepechos hay vestigios de haber habido grapas para ligarlas más en obras posteriores.

Las bóvedas son de doble rosca, de 1,6 m la inferior y de 0,6m la superior. Las bóvedas del centro arrancan sin molduras y sin resalto sensible de separación, casi tangentes al paramento interior de las pilas.

La mayor longitud de éstas en los tajamares permite la construcción de unos pilares de forma cuadrada de 4,7 m de lado, que se elevan hasta la parte inferior de los pretiles a modo de contrafuertes de los tímpanos. Las otras tres pilas tienen sus alturas reducidas, conforme lo exige el perfil del terreno.

Una sencilla imposta general corre a todo lo largo del puente y sobre ella se asientan los pretiles de 1 m de altura, con basa, cuerpo y pasamano de coronación.

Los muros de acompañamiento de ambas márgenes, alterados en las restauraciones, tienen hoy 50 m de longitud. En el de la orilla izquierda y aguas abajo hay una alcantarilla de construcción romana, para un pequeño desagüe afluente.

Toda la obra es de sillería granítica almohadillada de labra perfecta, sentada en seco y rellena de fábrica concrecionada romana.


Como hemos dicho, una vez puesta al descubierto la masa rocosa sobre la que se iban a construir los pilares principales se procedió a aplanar estas rocas y encima se fueron colocando en primer lugar, naturalmente, el enorme relleno de hormigón necesario y luego las hiladas graníticas de revestimiento, las cuáles, como es usual en la construcción romana, están colocadas sin trabazón alguna. La altura de los sillares varía entre 45 y 50 cm. y están todos más o menos almohadillados. La vigésima hilada en el pilar tercero y la decimosexta en el pilar cuarto, forman una imposta saliente que resalta el paramento de 60 a 70 cms.

Algunos de los sillares de esta imposta aparecen recompuestos o sustituidos por bloques de hormigón con refuerzo de hierro. Como se sabe, los verdaderos pilares del puente son más estrechos y la fábrica a que me vengo refiriendo la constituyen los robustos basamentos sobre los que se apoyan aquellos. Desde la imposta a que he aludido más arriba hasta el arranque de los pilares verdaderos se cuentan 29 hilares de sillares graníticos.

Junto a la base de estos pilares en el lecho del río, se acumulaban numerosos restos de fábrica procedentes de las varias destrucciones que ha sufrido el puente, entre ellos muchos de los primitivos sillares romanos, que cayeron de las zonas altas. El 10 de octubre, una vez acopiada en el embalse la cantidad de agua prevista por los técnicos, volvió a darse suelta a una parte del caudal del Tajo, recuperando el puente, pues, su aspecto ordinario y desapareciendo bajo el agua otra vez los basamentos que hemos descrito.

El cuerpo de pilas centrales se prolonga aguas arriba mediante tajamares triangulares  y aguas abajo por espolones rectangulares; pero en las tres extremas las prolongaciones son rectangulares por ambos lados, ya que tienen pocas ocasiones de ponerse en contacto con las aguas; espolones y tajamares no son de sección constante en toda la altura, sino que sus dimensiones se contraen cuando alcanzan el nivel de arranquen de las bóvedas. Los planos de tímpanos coinciden con los de boquillas de bóvedas, llegando hasta coronación donde corre una cornisa en gola que contornea  además las terminaciones de tajamares y espolones.

Sobre esta cornisa se coloca el pretil, formado por cuatro hiladas de sillares superpuestas, la última de las cuales de mayores dimensiones y curvada en la cara superior sirve de albardilla. La terminación de las superficies vista es de labra tosca con almohadillados prominentes, más en sillares que en dovelas. Las hiladas son perfectamente horizontales y tanto las dovelas como los sillares son muy uniformes y de escuadría perfecta y recercados con una amplia anatyrrosis.

Respecto al sistema constructivo de los cimientos de las pilas del puente, en nuestro caso uno de fuerte corriente, el recinto más idóneo es el de escollera, es de decir, de piedras de gran tamaño que en Alcántara son sillares sin desbastar que aparecen junto a los pilares centrales cuando baja el nivel del río en los estiajes. En estas ocasiones la profundidad en el centro del río oscila de 3,5 a 6 m, cifras que no estaban al alcance de los romanos para realizar un recinto adecuado a las dimensiones de la pila y menos para agotarlo hasta el fondo del cauce. Seguramente la fábrica destinada al cimiento se colocó, en parte, sobre los bloques de la propia ataguía, los cuales soportaron la pila, pues  la carga transmitida por ella se repartía a través de los bloques hasta el fondo del cauce. Pero estos bloques han podido ser removidos de su lugar y arrastrados por las avenidas del os casi veinte siglos transcurridos desde su fundación hasta formar la caverna que salió a luz cuando se dejó el río en seco.

Pero esta "portentosa obra, de tanta braveza y majestad que pone espanto en quien la ve", ha estado  apunto de arruinarse por fallo de uno de sus airosos pilares. El puente consta de cinco, de los cuales tres aparecen en seco sobre la roca sana de las laderas, mientras que otros dos tienen su parte inferior oculta bajos las aguas, salvo en estiajes muy pronunciados, en los que se descubrían las partes más bajas de la sillería (opus quadrata) de una de ellas, pero rodeada por bloques sueltos que debieron pertenecer a la ataguía auxiliar para cimentación y que ocultaban todavía la zona más baja de dicha pila.

Pero en la cuarta pila desde la izquierda ni aún en los más pronunciados estiajes había conseguido llegar a ver el final del paramento de sillería del lado interno (el más próximo al centro del río).

Para determinadas operaciones de instalación de la maquinaria de la Presa del Embalse de Alcántara,  había que cortar el paso del río a través de la misma, dejando en seco el Tajo en la zona inmediatamente aguas abajo, lo que dejaba el puente sin agua, condición muy normal en los puentes españoles, pero que nunca se había verificado en el que tratamos. Y de este modo consiguieron los ingenieros de Hidroeléctrica Española ver lo que yo no había conseguido ver: la zona siempre sumergida de la pila cuarta del puente de Alcántara.

Y el espectáculo debió ser verdaderamente impresionante: en la zona última faltaban los sillares del paramento del costado interior de la pila y el relleno de hormigón que debía formar el núcleo de la misma. La sección de la pila estaba reducida en proporciones extraordinarias. Como la situación del río seco no podía mantenerse más allá de una semana, los ingenieros de Hidroeléctrica optaron por no dar parte a ninguna autoridad administrativa y colocando un encofrado vertical a la de la zona alterada, rellenaron de hormigón la gran caverna, lo cual consiguieron en el intervalo fijado.

Dos causas han podido contribuir a la deterioración de la pila: una primigenia, pues corresponde a fallo en el proceso constructivo, y otra debida a la mala utilización que del puente hicieron sus usuarios al destruir en tres ocasiones una bóveda del puente.

En la primera ocasión fue una de las extremas, es decir, la de menor luz, en los otros dos casos correspondió a una misma de las intermedias, es decir, de las de 22 metros de luz, que se reconstruyó y se volvió a destruir, faltando durante un periodo total de unos diez años aproximadamente.

La segunda causa del deterioro de la pila, ha sido la inexistencia, por destrucción de la cuarta bóveda del puente durante unos años de la vida del mismo. Esto determinó unas condiciones anormales en el trabajo de las pilas que la sustentaban. Una de ellas, la quinta (mirando desde aguas arriba), tiene poca altura y está normalmente en seco, mientras que la otra, la del lado izquierdo, es la más alta del puente y tiene su base siempre por debajo del nivel de las aguas. El desequilibrio de empujes que se produce en ella al faltar la bóveda cuarta la somete a una flexión importante en toda su altura, aumentando desde el plano de arranques de bóveda hasta la base, con tracciones en el paramento interno (lado del eje del cauce). Estas tracciones pudieron producir agrietamientos horizontales en dicho paramento no muy importantes, pues se distribuirían entre todas las llagas de las hiladas, aunque siempre habrán contribuido a disminuir la trabazón entre los sillares, favoreciendo la separación de los mismos, por la acción erosiva de las avenidas.

Extracto de "Viage de España". D. Antonio Ponz. 1784

Corre tanto, y aun más profundo el Tajo al pasar por Alcántara, como por donde está la barca, en que yo le pasé poco antes; y para llegar al puente es menester bajar una gran cuesta por entre las ruinas de la antigua villa. Mas de ochenta leguas son las que el Tajo lleva caminadas hasta llegar aquí, y por tanto es muy caudaloso con los muchos ríos, que se le han incorporado en dicha distancia; de suerte, que cuando está mas menguado, es de cuarenta y dos pies la profundidad de la agua; desde cuya superficie hasta el principio de las dobelas de los dos arcos del medio hay ochenta y siete; y desde allí hasta el suelo superior setenta y seis, que con los cuatro y medio que alzan los antepechos, suma toda la altura doscientos y cuatro pies y medio.

Los arcos son seis: los dos del medio iguales, y mayores que los otros, cada uno de ciento y diez pies de diámetro, y sus pilares por el frente tienen treinta y ocho de grueso: la longitud del puente es de seiscientos y setenta pies, su ancho de veinte y cuatro, y cuatro el de los antepechos, que hay en cada lado, y hacen veinte y ocho.

Extracto de "El Puente Romano de Alcántara". D. V. Martí 1859

Consta el puente de seis arcos de medio punto de diferente luz. Las luces libres entre pilas de los centrales son de 26,25 m y 28 m; las de los contiguos a éstos, de 22 m y 22,6 m, y las de los extremos, de 13,2 m y 12,65 m. Los arcos centrales arrancan al mismo nivel y los otros a mayor cota, por su menor luz.

La longitud total del puente es de 195 m; el ancho entre paramentos de bóvedas, de 8 m; la calzada tiene 5,8 m: las aceras, 1,1 m cada una, ancho que se reduce por el espesor de los pretiles; la altura del puente en el centro, desde el fondo del río hasta la rasante, es de 51 m; la pila central y su contigua de la margen derecha tienen 16,6 m de longitud; 8,3 m de ancho y 30 m de altura.

Aguas arriba los tajamares son angulados, y aguas abajo rectangulares, formas que se mantienen constantes hasta el arranque de las bóvedas. Sólo una sencilla moldura recta interrumpe esta severa monotonía.


Extracto de "El Puente Romano de Alcántara en seco". D. Carlos Callejo. 1970

Para que el lector se forme una idea del puente que sus dimensiones son 194 metros de largo por 8 metros de ancho en la parte superior, de los cuáles corresponden 6,70 metros al ándito o calzada y 1,30 metros a los dos pretiles; su altura total son 57 metros desde el fondo del río hasta el piso de la calzada.

De las grandes realizaciones hidráulicas que en los últimos veinte años se han dado en la provincia de Cáceres la más importante es el pantano de Alcántara, gigantesco lago artificial que embalsa el río Tajo aproximadamente en un centenar de kilómetros de su curso, con un volumen de agua de 3.300 millones de metros cúbicos. La presa que soporta este embalse está construida 600 metros aguas arriba del puente romano.

En el mes de septiembre de 1969, se inició la operación de embalsamiento, para la cual hubo que taponar los túneles que daban paso al caudal del río desde que se empezó el trabajo. Quedó pues, el lecho del Tajo completamente en seco desde la presa, hasta varios kilómetros cauce abajo, prácticamente hasta la desembocadura del río Salor, único que en esta zona podía llevar algo de agua en el estiaje. El puente romano quedó, pues sin río, posiblemente por primera vez en su historia.

El débito del río Tajo en esta zona es, como casi todos los de la vertiente atlántica en la península, muy variable. En ciertas épocas de algunos años ofrece un voluminoso caudal que en este punto sube a gran altura; de ahí la desmesurada que dio a su puente el arquitecto Lacer. En épocas de fuerte estiajes, por el contrario, el caudal no es grande, pero siendo el lecho del Tajo bastante encañonado siempre la corriente es fuerte y en la parte del puente puede tener 7 u 8 metros de sondaje.

El puente romano de Alcántara consta de seis arcos de desigual anchura, los cuales se apoyan en cinco gruesos pilares que descansan a su vez, a distintas alturas, sobre el terreno de rocas de pizarra. Los dos arcos centrales son los más grandes y sobre el pilar que queda entre los dos, tercero a contar desde el principio del puente según se viene de Cáceres, se alza el arco commemorativo. Los arcos primero y quinto se apoyan ya en malecones construidos sobre la roca al nivel de la carretera.

Los pilares primero, segundo y quinto pueden verse perfectamente en su arranque siempre, o por lo menos en lo que respecta al segundo, en la mayoría de las ocasiones, por lo que nada nuevo se podría agregar a lo conocido sobre ellos. Los dos pilares que han quedado en seco son el tercero y el cuarto y su forma de cimentación era hasta ahora desconocida. En algunos veranos excepcionalmente secos, incluso este cuarto pilar queda con la base rasando la corriente. El tercero está siempre sumergido. Sobre estos dos pilares pues, ha versado nuestra indagación y versa nuestra información gráfica.

Se ha podido comprobar que en la construcción de estos dos pilares no hubo probablemente necesidad de resolver difíciles problemas de ingeniería. No descansan sobre basamento artificial alguno, sino que se apoyan sobre la misma roca pizarrosa, previamente aplanada. Con toda probabilidad el constructor debio aprovechar un momento de agudo estiaje, practicando una enérgica draga del fondo arenoso que hay frente los dos pilares. De esta forma se encauzaría el caudal del río, quedando al descubierto las masas rocosas sobre las que los pilares se iban a construir. La inspección ocular del terreno explica y las fotografías corroboran este sistema de sustentación de los dos soportes esenciales del puente.

Los pilares tienen forma pentagonal, figura que resulta de la yuxtaposición de un rectángulo que tiene 11,5 metros de longitud (dimensión paralela al curso del río) por 8,4 metros de latitud a un triángulo isósceles cuya base tiene esta última dimensión dicha de 8,4 metros y sus lados miden 7 metros. Estos triángulos isósceles se encuentran al costado de oriente, sirviendo de tajamar a la corriente del río. La longitud que media entre las superficies inferiores de ambos pilares es de 28,4 metros; el pilar cuarto mide 20 cm. menos de anchura que el tercero, o sea que sólo tiene 8,2 metros de latitud.

Extracto de "El Salvamento del Puente de Alcántara".
D. Fernandez Casado. 1970

El puente consta de seis arcadas distribuidas simétricamente con respecto al pilar central, el cual queda ratificado en su condición axil por la sobre-elevación del arco honorífico que está en la mitad de la plataforma del puente. Las seis bóvedas se sustentan sobre cinco pilares exentos y en otros extremos que prolongándose en muros constituyen los estribos.

Las bóvedas son de medio cañón con luces medias aproximadas de 28 + 22 + 14 m, desde las centrales a las extremas, y cuya variabilidad corresponde con bastante exactitud a una proporción armónica perfecta. Están constituidas por dos roscas superpuestas de dovelas aparejadas radialmente, en la inferior mostrando su tizón y en la superior las sogas alternando juntas, y completando un espesos de 2,40 m.

Las pilas tienen cuerpo rectangular de la misma latitud a que las bovedas , 7,80 m y un espesor constante de 3,30 m, que da una esbelted vano-macizo de 1:3,3, la mayor conseguida en puentes romanos.